Hablemos de… Shenmue III (2019)

Los dos primeros juegos de Shenmue, lanzados para Sega Dreamcast hace veinte años, son ahora una leyenda. La serie fue aclamada como un importante avance técnico y creativo que influyó en el género de los mundos abiertos que pronto eclosionaría en los videojuegos; pero que no se tradujo en unas buenas ventas.

Muchos pensaron que esta secuela sería una versión modernizada de Shenmue al estilo de grandes desarrollos de mundos abiertos como GTAV, pese a que su presupuesto era infinitamente menor. Como era de esperar esto no fue así, para bien o para mal, Shenmue III es una secuela continuista con el estilo y mecánicas de los originales, pero con unos gráficos actuales. Esto significa que el nuevo juego es fiel en las sensaciones, ritmo y espíritu de los clásicos. Esto no es necesariamente malo, pero es algo no apto para el público mayoritario, que se aburrirá o no entenderá como se puede disfrutar de caminar por un videojuego sin apenas hacer nada con una finalidad clara. Los amantes de Shenmue y su estilo, entre ellos yo, estarán encantados. Nunca mejor dicho, es un juego para los fanáticos de la saga que apoyaron el proyecto.

En todo caso, los más realistas nunca esperamos que esta nueva entrega fuese revolucionaria y abanderada del género como lo había sido en el pasado. Su pequeño presupuesto lo hacía imposible, el juego se conforma con ser la digna secuela que debería haber salido alrededor de 2005. Todo sigue un desarrollo complejo y pausado como en los anteriores; y si todavía hoy disfrutas jugando las entregas de Dreamcast entonces adorarás Shenmue III, pero quien esperarse algo diferente se verá defraudado.

Pese a que no tiene unos gráficos a la última, consigue recrear un mundo realmente hermoso y colorido donde el jugador que realmente quiera puede involucrarse en él poniendo atención al montón de pequeños detalles que lo conforman. Desde una zona rural agrícola, con pequeñas casas y zonas de arrozales donde predomina el verde y la tranquilidad; hasta una gran ciudad enfocada al turismo donde predomina el color rojo, con sus grandes edificios, calles plagadas de tiendas y locales, templos y otros espacios. En el apartado sonoro, goza de un gran nivel que ayuda a dar vida y refuerza las sensaciones de cada lugar, aunque se echa de menos un poco más de variedad en las piezas musicales y un mejor repertorio de efectos de sonido en zonas concurridas en la gran ciudad.

En lo que se refiere a las mecánicas, Shenmue no evoluciona demasiado las fórmulas de la serie; tenemos que socializar, llevar una vida diaria, pequeñas secuencias con QTE y peleas de artes marciales. La principal novedad es que ahora nuestra barra de salud se irá vaciando lentamente con el tiempo y tendremos que consumir bebida o comida para rellenarla, un detalle que aporta algo más de realismo y además incremente la importancia de ganar y usarlo.
Por supuesto la libertad que caracteriza a la saga seguirá presente, es el jugador quien decide si progresar en la historia o perder su tiempo en el repertorio de actividades disponibles para esta ocasión: a las clásicas colecciones de figuras se añaden las de hierbas curativas, los juegos de apostar tienen un gran protagonismo con dados, pachinkos, carreras de tortugas, etc. También podemos pasar el día entrenando para mejorar las técnicas, competir en templos de artes marciales para ascender de categoría, trabajar, pescar, completar misiones secundarias, etc.

Los diálogos serán el ingrediente principal con cientos de ellos y fieles al estilo de la saga; algunos serán aburridos, otros aportaran información y otros serán simplemente graciosos o absurdos. En todo caso, el desarrollo de la historia consistirá en pasar la mayor parte de nuestro tiempo explorando lugares y hablando para recolectar pistas con las que poder avanzar.

Los juegos clásicos tuvieron un gran sistema de combate, pero en este se ha simplificado. En los anteriores el combate se siente muy real incluso hoy, es cierto que su progresión es más lenta; pero también son más gratificantes. Shenmue III, sin embargo, opta por un sistema de combos basado en machacar botones de forma rápida sin demasiada coherencia entre las pulsaciones y el movimiento que se ejecuta en pantalla, algo que sí sucedía en los anteriores. Este nuevo sistema puede ser divertido, pero no es tan satisfactorio; quizás sea el apartado que más se ha adaptado a la sencillez de los nuevos tiempos en videojuegos.

En cuanto a la historia, sin entrar en detalles para no estropear la experiencia a nadie, hay que decir que introduce nuevos personajes que ampliarán el circulo de amistades de Ryo. Recordemos que una de las primeras frases importantes de esta saga es el consejo que recibe el protagonista de que haga amigos y mantenga cerca a aquellos que quiere; quizás hubiera sido deseable que estas nuevas amistades se desarrollasen más a fondo en la historia principal. En el apartado de enemigos también habrá nuevas caras, pero sobre todo destaca la aparición de un nuevo personaje que ya salía en vídeos promocionales del primer Shenmue hace veinte años, lo que demuestra que en esta saga casi nada es azaroso en su trama.

La historia no termina con esta entrega, algo que ya se sabía porque Yu Suzuki dejó claro que como mínimo necesitaría dos juegos más para terminarla. Pese a ello, quizás el final hubiera podido ser un poco menos abierto o al menos haber desvelado algo más interesante al jugador, pero en todo caso no debería sorprender que queden cabos sueltos por atar. En esta ocasión la aventura no tiene tantos giros y sorpresas inesperados, pudiendo decirse que estamos más ante un arco argumental para situar a los personajes en las casillas de salida de la siguiente entrega con unos nuevos lazos de amistad establecidos.

En definitiva, Shenmue III es un juego fiel a sus raíces, ajeno a las modas y técnicas presentes; pero con el gran mérito de conseguir posicionarse como algo único entre la oferta actual. Un juego de autor donde lo más importante es lo que se puede percibir e interpretar. Todo podría ser mejor con más presupuesto, pero a la vez todo es mucho mejor de lo que se podía esperar de un mundo abierto con  sólo siete millones de presupuesto.

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