Hablemos de… Sam&Max: Hit the Road (1993)

No fue hasta el  verano del 2009 cuando descubrí la maravillosa aventura gráfica de Sam&Max: Hit the road. Los motivos para esta tardanza fueron que mi primer ordenador llegó en 1999, Internet lo hizo siete años más tarde y el hermano mayor que debía culturizarme en estos temas nunca nació. Pero hoy, puedo hablaros de esta joya.

Sam y Max son un perro y un conejo, que se dedican a la honorable profesión de detectives. Sam representa el buen hacer de su profesión, mientras que Max es un adicto a la ultra-violencia y la combinación de ambas personalidades provocará situaciones cómicas en un mundo ya de por si disparatado. Después de una espectacular escena introductoria donde vemos las dotes asesinas de Max, la trama nos conduce a un circo dirigido por unos siameses que nos contratan para investigar la extraña desaparición del yeti y su esposa, una mujer-jirafa. Esto es sólo el comienzo de una aventura que nos llevará a recorrer la geografía americana donde visitaremos lugares como un campo de golf con cocodrilos, el ovillo de lana más grande del mundo, una fiesta privada de yetis, un cuarto con la gravedad invertida, etc.

Como la mayoría de aventuras gráficas posteriores al primer Maniac Mansion, su jugabilidad se reduce al uso del ratón con el que ordenaremos a donde desplazarnos y elegiremos en un sencillo menú, representado por iconos, que acciones realizar con nuestro entorno; por ejemplo hablar con alguien o examinar algún objeto. Goza de un buen apartado técnico para su año, unos bonitos gráficos en dos dimensiones donde destaca la variedad de escenarios que deberemos explorar a fondo para encontrar los objetos y pistas necesarios para resolver los acertijos y poder avanzar en el misterioso caso. La lógica de estos acertijos es quizás el apartado más único del juego, todos pueden resolverse razonando de forma coherente; pero al mismo tiempo este razonamiento ha de seguir las normas que el universo del propio juego ha creado, obligándonos a entender y pensar como lo haríamos si viviésemos en esa realidad ficticia.

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