Hablemos de… Alex Kidd: The Lost Stars (1988)

La primera secuela del exitoso Alex Kidd in Miracle World no se hizo esperar demasiado saliendo primero en arcades para rápidamente ser adaptada a la consola doméstica de SEGA en aquel entonces. No fue el éxito esperado y para algunos seguidores del personaje no es una buena entrega, pero realmente tiene cierto encanto.

Fue un título bastante diferente a su predecesor, ahora Alex ya no puede golpear a sus enemigos, pero a cambio puede recibir más golpes ya que en lugar de vidas, ahora hay una barra de energía que funciona como en Wonder Boy, es decir se va agotando lentamente con el tiempo y también al recibir daño. Por tanto disminuye tanto si el jugador está quieto como si es dañado, lo que obliga a jugar las fases lo más rápido posible, pero esto complicará el calcular los saltos en plataformas o reaccionar a tiempo frente a enemigos. Por suerte, se puede rellenar energía encontrando potenciadores, también hay objetos que dan poderes a Alex como saltar más alto o disparar.

El juego consta de siete niveles, pero una vez se completan por primera vez hay que volver a superarlos todos en una dificultad más alta para conseguir superarlo completamente. Estos escenarios aprovechan al máximo la paleta de colores ya que están bellamente dibujados con montones de colores chillones. El diseño de los niveles es bastante surrealista al máximo donde el jugador visita lugares y enemigos bastante extraños como en el mundo de los juguetes donde el jefe es un oso globo que toca la trompeta, en otro mundo hay una especie de punks desnudos que lanzan cráneos del trasero, etc.

El sonido vuelve a ser, de nuevo, una de las principales carencias de esta consola y suena un poco enlatada, pero este no sería el principal problema en esta ocasión ya que lo que suena, suena bastante decente y animado, el problema es que todos los temas parecen sonar exactamente igual es como si se hubieran limitado a cambiar el ritmo o un par de notas sueltas y nada más.

Los controles son simples, un botón es para saltar y el otro para disparar, pero si hay un aspecto en el que esta secuela es mejor que su primera parte es precisamente en el control ya que es bastante más preciso, sin inercia rara al mover al personaje ni físicas raras al realizar saltos, aunque en la fase acuática los controles no están a la misma altura que en el resto del juego.

En definitiva, las entregas de Miracle World y Shinobi World son mucho mejores, pero la verdad, Lost Stars no es un mal juego, es simplemente una propuesta jugable diferente y es que quizás lo que más dañó a esta saga de videojuegos fue que cada entrega estuviera asociada a un género radicalmente diferente, haciendo difícil para los jugadores saber si realmente comprarían algo que encajase con sus gustos. Pero si te gustó Wonder Boy  esta entrega te gustará también.

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